
Se trata de un oasis en el mundo del cine, nueve días en los que se puede apreciar en la ciudad de Gijón un cierto ambiente “indie” en las calles que rodean el “Jovellanos”.
Jóvenes saliendo de una proyección para poder asistir a la siguiente sin apenas media hora de descanso, críticos venidos desde Francia, Inglaterra o Alemania encargados de cubrir el evento, que parecen andar perdidos por la mismísima calle corrida, e incluso algún que otro actor, director o “famosillo” que se dejan ver por los bares mas alternativos de la ciudad o en alguna de las actuaciones musicales que tienen lugar paralelamente a las proyecciones.
El Festival Internacional de Cine de Gijón nos da la oportunidad de poder elegir, durante los últimos días de noviembre, entre mas de 200 películas nada habituales para el espectador convencional y alejadas de las superproducciones “hollywoodienses” que desgraciadamente inundan la cartelera de nuestros cines.
Puede que este festival no tenga tanta repercusión mediática como el Festival internacional de cine de San Sebastián o la semana internacional de cine de Valladolid. Pero el Festival Internacional de Cine de Gijón no tiene nada que envidiar de sus “parientes” nacionales ya que se trata de un festival independiente, transgresor, radical, distinto, joven y que mira al futuro sin olvidar el pasado. Lo calificábamos de joven ya que a pesar de contar ya con 42 ediciones a sus espaldas sigue apostando por los nuevos realizadores y por una sección con películas dirigidas exclusivamente a los más jóvenes bautizada como “enfant terribles”.
Durante los nueve días de Festival se exhibieron en el Teatro Jovellanos las 14 películas de la sección oficial presentadas a concurso, las cuales siempre constituyen una apuesta segura para el espectador desorientado ante tanta oferta de títulos.
Las mañanas del festival estaban dedicadas a las proyecciones de las películas incluidas en la sección “enfant terribles”, que cada año ofrece estrenos del mejor cine europeo infantil y adolescentes a los alumnos de institutos asturianos.
A parte, el festival siempre presenta unas secciones paralelas: Dentro y fuera de Hollywood, Esbilla, Llendes, Universo media, desorden y concierto, o 25 años de radio3, donde se pueden visionar películas de lo mas variopinto, desde documentales de los Ramones hasta la oscarizada Taxi driver.
Como es ya habitual se programo un año más la noche del corto español y el día d´Asturies donde se proyectaron cortos nacionales y provinciales respectivamente.
Otra alternativa para los mas cinéfilos fueron las ya míticas retrospectivas, en las que se repasa la filmografía de interesantes directores de la actualidad cinematográfica. Este año le toco, entre otros, al asiático Tsai Ming-Lang y al sueco y siempre controvertido Lukas Moodysson. Este último aprovecho para presentar su última película “a hole in my Herat” donde se muestra el proceso de realización de una película porno casera.
Paralelamente a las proyecciones se organizaron todas las noches actuaciones musicales. La oferta fue muy variada y se pudo contar con todo tipo de grupos, desde los entrañables gijoneses Australian Blonde hasta los actuales Delorean, venidos del País Vasco. Pasando por los devastadores Six by Seven del Reino Unido o los enigmáticos Oslo Telescopic de origen desconocido.
En esta 42 edición, “una de las mas disputadas” según reconoció el jurado, la vencedora fue la italiana “Vento di Terra”. Se trata de un drama realista sobre la difícil situación de vida en un humilde barrio de Nápoles.
Los protagonistas del film (habitantes también en realidad de este barrio, según declara el director) son una familia que tras la muerte del padre, se ve obligada a abandonar Nápoles en busca de un futuro mejor que deje atrás tanta miseria y desgracia.
También se llevaron otros premios de menor relevancia la francesa “Lila dit ça” o la argentina “familia rodante”. Por el camino se quedaron otros buenos títulos como el documental autobiográfico “Tarnation”, la rebelde “Mysterious Skin” , la francesa y polémica “Ma Mére”, La divertida película estona “revolution of pigs”, o la contundente película rusa “4”.